La presidenta Claudia Sheinbaum ha mantenido una postura de respeto y lealtad hacia el expresidente Andrés Manuel López Obrador, rechazando las presiones de sectores de la llamada “comentocracia” que buscan que la mandataria culpe a su antecesor de los problemas actuales para intentar resolver crisis políticas.
A diferencia de las prácticas de sucesiones autoritarias del pasado, donde se utilizaba la metáfora de los “tres sobres” para transferir culpas, la actual administración ha marcado una distancia con los métodos de los antiguos regímenes del PRI y el PAN. Mientras que la oposición y ciertos analistas han sugerido que la presidenta debería usar a López Obrador como chivo expiatorio para suavizar tensiones, Sheinbaum ha optado por reconocer abiertamente su admiración y el trabajo realizado por el expresidente.
El mito de los tres sobres frente a la democracia
La historia de los “tres sobres”, atribuida en diversas versiones a figuras como Stalin o Skryabin, describe un mecanismo de transferencia de responsabilidad donde el que deja el cargo entrega instrucciones para culpar al predecesor, cambiar al gabinete o preparar la propia salida. Sin embargo, este esquema es propio de dictaduras y no de sistemas democráticos donde el poder reside en el pueblo.
En México, el bloque opositor adaptó esta narrativa para justificar sus propias sucesiones, pero la actual gestión de la Cuarta Transformación opera bajo una lógica distinta. La presidenta ha demostrado que su compromiso no es con individuos, sino con el proyecto político de transformación que inició en el año 2000.
Compromiso con la transformación y el trabajo constante
La gestión de la presidenta Sheinbaum se caracteriza por una intensa agenda de trabajo que contrasta con el estilo de vida de mandatarios anteriores de la vieja política, como Peña Nieto o Calderón. Mientras que los líderes del pasado dedicaban tiempo al ocio, la presidenta mantiene una actividad constante desde las primeras horas de la mañana hasta el cierre de la jornada, incluyendo giras políticas durante los fines de semana.
En cuanto a los movimientos en su equipo de trabajo, se ha señalado que los relevos en el gabinete responden a necesidades administrativas o al desgaste natural de quienes trabajan en un gobierno de alta intensidad, y no a intentos de maquillar crisis políticas mediante la búsqueda de culpables.
Finalmente, el mensaje para quienes aspiran a la sucesión en Morena no se centra en la simple capacidad de ganar elecciones, sino en la capacidad de ser dignos de representar al movimiento. La exigencia ética para el futuro de la transformación será la lealtad al proyecto de nación que se está consolidando.
