Futuros ‘Murciélagos’ del Ejército mexicano entrenan en condiciones extremas sobre el Iztaccíhuatl

En las faldas del volcán Iztaccíhuatl, a más de 4 mil metros sobre el nivel del mar y con temperaturas que alcanzan los 10 grados bajo cero, militares que aspiran a integrar el Grupo de Fuerzas Especiales del Ejército de México realizan una fase clave de su entrenamiento: Operaciones en Climas y Terrenos Extremos. Esta etapa, parte del 41 Curso de Sargentos y del 43 Escalón de Oficiales, pone a prueba su resistencia física y mental en alta montaña, donde deben ejecutar misiones de reconocimiento, combate y rescate en condiciones adversas.

Adiestramiento de élite en la ‘Mujer Dormida’

Los cursantes, conocidos como futuros “boinas verdes”, enfrentan jornadas que incluyen marchas de hasta 50 kilómetros con cargas de 25 kilogramos, escalada, rapel, supervivencia y tácticas de patrulla. El capitán “Instinto”, coordinador del curso, explicó que la finalidad es prepararlos para operar en cualquier entorno geográfico: “La patrulla es una pequeña unidad destacamentada que cumple misiones específicas, de ahí la importancia de su adiestramiento integral”. Aunque la convocatoria inicial es de 95 aspirantes, las exigencias reducen el número: actualmente hay 35 oficiales y 49 sargentos en formación.

Disciplina, hermandad y tradición militar

Desde un campamento improvisado, los militares inician su día a -8°C, alistando su equipo con precisión. Todas las mochilas están organizadas de forma idéntica para que, en caso de emergencia, cualquier miembro pueda tomar la de otro sin dificultad: “bolsa superior derecha, botiquín; bolsa superior izquierda, raciones”, detalló el capitán. Antes de continuar su ascenso, realizan una ceremonia simbólica en “La Joya”, dentro del Parque Nacional Izta-Popo, donde rinden homenaje al Iztaccíhuatl, conocido como la “Señora Iztaccíhuatl” o “Mujer Dormida”.

“Señora Iztaccíhuatl, gracias por aceptarnos. Gracias por lo bondadosa que has sido. Espero pronto regreso. Hoy vinimos a ofrendarte nuestra insignia más valerosa. Permítenos un ascenso exitoso a este grupo de valientes”

Tras colocar una metopa con sus nombres en un nicho de rocas, continúan su camino hacia el Refugio de los Cien, donde pernoctarán antes de alcanzar la cumbre al día siguiente. Este momento marca una etapa crucial dentro de las 33 semanas de adiestramiento, distribuidas en nueve fases que incluyen navegación terrestre, combate urbano, manejo de explosivos, tiro de precisión, buceo, operaciones anfibias y la fase de prisionero de guerra.

Un privilegio con gran responsabilidad

Para el capitán “Instinto”, formar parte de las Fuerzas Especiales es un honor que conlleva una enorme responsabilidad: “Para mí, pertenecer a las Fuerzas Especiales es un privilegio. La responsabilidad que esto conlleva es muy grande. Un privilegio que se tenga la confianza en uno, que se nos pueda dar el adiestramiento, ya que nosotros somos el apoyo para las demás unidades (del Ejército) y debemos estar ahí para ellos”.

Por Reportajes

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