La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, viajará a Barcelona el próximo 18 de abril para participar en el evento Global Progressive Mobilisation, un encuentro que marca la reanudación del diálogo de alto nivel con España tras un periodo de distanciamiento.
Un encuentro de líderes afines
En este foro, la mandataria mexicana se reunirá con otros jefes de Estado y de gobierno de la región, como Luiz Inácio Lula Da Silva de Brasil, Gustavo Petro de Colombia, Yamandú Orsi de Uruguay y el presidente español Pedro Sánchez. Sheinbaum confirmó su participación durante su conferencia matutina, describiendo el encuentro como una reunión de líderes que representan la resistencia frente a las fuerzas conservadoras y de extrema derecha.
La presencia de la presidenta en este acto, celebrado en la ciudad catalana, es interpretada como un mensaje sólido de la izquierda progresista latinoamericana, que busca presentar una alternativa frente a las políticas regresivas que advierten en algunos países. El portal del GPM describe el evento bajo esa misma óptica de resistencia ideológica.
Superando la “pausa” en las relaciones
Esta visita rompe con una etapa de ocho años sin que un presidente mexicano visitara España, un distanciamiento originado por divergencias en la interpretación histórica de la época de la conquista. En contraste con la postura de su antecesor, quien definió la relación como “una pausa”, el gobierno actual ha adoptado una actitud más conciliadora.
Recientes gestos, como el reconocimiento al Museo Nacional de Antropología y a la fotógrafa Graciela Iturbide con el premio Princesa de Asturias, junto con exposiciones en España sobre temas mexicanos, han contribuido a este acercamiento. Un momento significativo fue la declaración del rey Felipe VI, quien en un tono informal reconoció que “hubo mucho abuso y controversias éticas en la colonización de América por parte de los españoles”, lo que se ha visto como un gesto conciliador de ambas partes.
Agenda comercial e ideológica
La participación de Sheinbaum en Barcelona no solo simboliza el fin del alejamiento diplomático, sino que también se enmarca en los trabajos relacionados con el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Desde allí, se enviará un mensaje a Estados Unidos sobre temas de comercio, políticas públicas y desarrollo.
La agenda de la presidenta mexicana en el evento se alinea con su proyecto de gobierno, enfocado en ampliar los programas sociales y consolidar una política pública de izquierda progresista. Su intervención como oradora refuerza el liderazgo de México en la región y su compromiso con una ideología que contrapone a las corrientes conservadoras.
